Pedro y Juan
Pedro y Juan —¡Pardiez! Somos unos tontos en devanarnos los sesos. Lecanú es nuestro amigo, sabe que Pedro busca un gabinete de médico y Juan un estudio de abogado, y tendrá algo que proponernos.
Esto era tan sencillo y tan probable, que todos convinieron en ello.
—La sopa está en la mesa —dijo la criada.
Y cada cual se fue a su cuarto para lavarse las manos antes de comer.
Diez minutos más tarde comÃan al rededor de la mesa, en el comedor situado en el piso bajo.
Al principio guardaron silencio; pero luego Roland se volvió a preocupar de la visita del notario.
—En suma, ¿por qué no ha escrito, por qué ha enviado tres veces al pasante, por qué viene él mismo?
Pedro lo encontraba todo muy natural.
—Sin duda necesitará que se le responda en el acto, y tal vez tenga que comunicarnos cláusulas confidenciales que no querrá confiar al papel.
Pero todos estaban preocupados y algo pesarosos de haber convidado a una extraña que no podÃa menos de privarles con su presencia de la libertad precisa para discutir y resolver.
Acababan de subir a la sala cuando llegó el notario.
Roland le salió al encuentro.
—Bien venido, señor Lecanú.