Pedro y Juan
Pedro y Juan Meditaba en la cama, metido entre las sábanas. ¡Cuántos médicos se habían hecho millonarios en poco tiempo! Bastaba saberse manejar, porque en el curso de sus estudios había podido apreciar a los más célebres profesores, y los tenía por grandes borricos. Seguramente él valía tanto como ellos, si no más. Si lograba por cualquier medio adquirir la clientela elegante y rica del Havre, podía ganar fácilmente cien mil francos anuales. Y calculaba matemáticamente las ganancias aseguradas. Por la mañana saldría a visitar a sus enfermos. Tomando un término medio de diez al día, a razón de veinte francos cada uno, tendría un mínimum de setenta y dos mil francos, y aun setenta y cinco mil, porque la cifra de diez enfermos era inferior a lo que se podía esperar. Después del mediodía recibiría en su gabinete otros diez clientes, por lo menos a diez francos, o sean treinta y seis mil francos. Total, ciento veinte mil francos en números redondos. Los clientes antiguos y los amigos, a quienes visitaría a domicilio por diez francos, y recibiría en su casa por cinco, producirían en estos ingresos una ligera disminución, compensada por las consultas con otros médicos y los demás beneficios corrientes de la profesión.