La montaña perdida
La montaña perdida Transcurrían los días sin ofrecer a los sitiados la esperanza de salir de su situación. Por el contrario, a medida que pasaba el tiempo, menores eran las probabilidades que tenían de salvarse.
Diez días después de haber empezado el sitio, los blancos vieron que sus enemigos recibían considerable refuerzo de un destacamento de indios procedentes del norte.
—No me explico qué vienen a hacer esos bandidos-murmuraba el gambusino mientras los contaba.
—Acaso a celebrar las exequias solemnes del jefe-insinuó Enrique.
—No lo creo, porque en todo caso esta ceremonia tendría que celebrarse en el poblado. De todas maneras, con los indios nunca se puede adivinar lo que se proponen.
En realidad, venían en cumplimiento de las órdenes que les diera el Zopilote, sucesor del Cascabel. Este jefe tenía sus razones especiales para proseguir en su expedición contra la región habitada por los blancos, y no quería levantar el sitio; por consiguiente, para estos dos objetivos necesitaba mayor número de guerreros.
