La montaña perdida
La montaña perdida —No es posible que nuestros amigos de Arispe dejen de pasar cuidado por nuestro silencio-dijo—. Como saben adónde nos dirigÃamos y también están enterados de que por ahà rondan los indios, no dejarán de comprender que nos ha ocurrido algo. Por consiguiente, pondrán las tropas en movimiento para buscarnos, de manera que nosotros no tenemos otra cosa que hacer sino resistir.
Fácilmente se cree lo que se desea, y como Tresillian les ofrecÃa una esperanza lógica en cierto modo, todos se acogieron a ella y se dispusieron a tomar las medidas necesarias para resistir el transcurso del tiempo.
Aún les quedaban algunos vÃveres, pero convenÃa no esperar a que se terminaran para procurárselos en mayor cantidad. Posiblemente existÃan aún algunos animales en el Cerro y era preciso apoderarse de ellos. Y para evitar la fuga de los que quedaran, se dispusieron a dar una batida general.
—Es preciso no dejar ni un rincón inexplorado-dijo Pedro Vicente—. Hay que coger la mayor cantidad de carne posible para prepararla y conservarla. Y una vez hayamos hecho esta provisión, que ya será la última, nos racionaremos convenientemente.
La caza dió bastante buen resultado, pues cobraron un ciervo, un antÃlope, algunos cabritos, un lobo y tres o cuatro coyotes. Por desgracia, otras reses quedaron heridas solamente y lograron esconderse y huir de los cazadores.