La montaña perdida
La montaña perdida —No es eso lo más raro-replicó el coronel—, sino que la mayor parte de la gente que lo acompañaba tienen aquà parientes y nadie ha recibido carta alguna.
—¿Y cómo se explica usted este silencio, Requena?
—No sé qué pensar. Primero me dije que tal vez habÃan luchado con grandes dificultades para instalarse; quizá falta de agua o algo por el estilo, pero en vista de que pasan los dÃas y no se recibe noticia alguna, empiezo a sentir inquietud.
—¿Cree usted, acaso, que hayan encontrado a los indios?
—Eso es lo que temo-contestó el militar—. Villanueva me indicó exactamente la situación de la mina y ya es sabido que aquella región está infestada por diferentes tribus de apaches, quienes, como ya sabe usted, son enemigos jurados de los blancos y especialmente de los mejicanos. Por esto siento inquietud.
—¿Y teme usted que si han encontrado a los apaches, éstos los habrán atacado?
—Sin duda alguna. Y en tal caso han debido de matarlos a todos, destruyendo además, todos sus efectos. Es decir, por lo menos habrán matado a los hombres, porque en cuanto a las mujeres generalmente se las llevan cautivas, asà como a los niños.
—Esperemos que no haya sucedido nada de eso-dijo don Julián.