La montaña perdida
La montaña perdida —¡Viven!-exclamó el coronel visiblemente agitado—. ¡Por Dios juro que ninguno correrá peligro de muerte en tanto que haya un solo hombre en el regimiento de lanceros de Zacatecas! Sin perder un momento voy a auxiliarles. Vamos, aprisa. —dijo a su ayudante—. Vaya usted inmediatamente al cuartel y tráigame al mayor GarcÃa.
Mientras el ayudante salÃa para cumplir la orden, el coronel se volvió a Enrique y le dijo:
—Ahora, amigo mÃo, hágame el favor de contárnoslo todo, sin omitir detalle. Pero antes explÃquenos qué peligro corren nuestros amigos y dónde están sitiados.
—Se hallan en lo alto de una montaña aislada en la llanura, conocida con el nombre de Cerro Perdido.
—Ya la conozco de nombre. Pero, ¿qué demonio fueron ustedes a hacer por all� No creo que estuviera en su camino.
—Nos vimos obligados a tomar aquella dirección por la falta de agua, y ello fué una suerte para nosotros, porque de habernos atacado los indios en la llanura no habrÃamos podido contarlo.
—Perdóneme usted, amigo, por haberle preguntado sin ocuparme antes de saber si quiere usted comer ó beber. Por ahora tome usted una copita de ron para cobrar fuerzas. Me parece que está usted muy fatigado.