La montaña perdida
La montaña perdida —No tema nadie que los apaches vayan a atacarnos, pues les conozco bien y sé que no van a exponerse tan estúpidamente. No tengáis miedo, pues la situación no ha variado absolutamente nada. Lo único que nos molesta es el hambre, pero aún podemos resistir perfectamente unos cuantos días más.
Estas palabras hicieron renacer la confianza y la tranquilidad en los sitiados, que a causa de la escasez de víveres empezaban a verlo todo de color negro.