La montaña perdida
La montaña perdida Mientras tanto, las tropas ejecutaban los movimientos previstos para rodear a los pieles rojas. De pronto resonó el grito de un centinela que a lo lejos había divisado algo brillante. Inmediatamente los pieles rojas abandonaron sus preparativos de marcha y dos jinetes partieron en la dirección indicada por el centinela para observar lo que viera su compañero.
Se trataba del centro de la columna. Los dos exploradores regresaron en breve, dando cuenta de haber descubierto un centenar de soldados.
El jefe indio, que contaba con fuerzas superiores, se encogió desdeñosamente de hombros y dió la orden de atacar a los enemigos quienes no esperarían, ciertamente, que los pieles rojas se les adelantasen.
Y en efecto, eso habría sido una excelente táctica si el Zopilote no hubiera estado tan mal informado.