La montaña perdida
La montaña perdida —Probablemente mineros— observó uno de sus hombres.
Disponíase ya el jefe acercarse al galope, pero pensó que tal vez se tratara de un campamento de soldados, en cuyo caso el asunto cambiaría completamente de aspecto. No es que les tuvieran miedo, pero la prudencia aconsejaba, no exponerse a un peligro considerable. Por otra parte los coyotes preferían la guerra al acecho; el combate a campo abierto no les seducía.
Tras ligera deliberación, los apaches resolvieron acercarse cautamente al enemigo divididos en dos grupos que tratarían de envolver el campamento.
—Pueden estar tranquilos los buitres negros-dijo el jefe—, porque les prometo abundante comida.
Tales palabras no dejaban duda alguna acerca de las intenciones de aquellos guerreros que se dirigían cautelosamente en dirección a la montaña.