La montaña perdida
La montaña perdida El hechicero acompañaba la danza con cánticos y encantamientos. Luego hizo una pausa y empezó la apología del difunto, alabando su valor y celebrando sus virtudes.
—Jamás el Cascabel retrocedió ante los rostros pálidos, y en sus trofeos, fruto de sus numerosas expediciones, hay un gran número de cabelleras de los malditos rostros pálidos. Pero la pérdida del Cascabel no quedará impune. ¡El Cascabel quiere la cabeza de todos los rostros pálidos que están en el "Nauchampa-tepelt!
—¡Vengaremos al Cascabel! ¡Los rostros pálidos morirán!
Y, sin duda, para aterrorizar a los blancos, numerosos pieles rojas fueron a instalarse junto al lago, de manera que sus enemigos pudieran verlos perfectamente. Entonces el hechicero tomó un objeto que al prin— pio los blancos no pudieron identificar, pero luego, gracias al anteojo, vieron que era la cabeza de una mujer.
Clavaron la cabeza a una estaca que hincaron en el suelo y empezaron a bailar alrededor. Una vez terminado el baile, arrancaron la cabellera de aquel pobre resto y la mostraron a los blancos, como indicándoles que les reservaban la misma suerte.
Luego empezaron una nueva danza, —de carácter guerrero ésta, y al terminarla, excitados por su mismo entusiasmo, quisieron intentar el asalto del Cerro Perdido.