La montaña perdida
La montaña perdida —No hay nadie-dijo el gambusino después de escuchar atentamente.
—Pues yo no veo ya los centinelas que descubrà junto a las tiendas y a los carros.
—No comprendo, verdaderamente, lo que pueden hacer. Lo único que me parece fuera de toda duda es que el Cascabel está muerto.
Efectivamente, el jefe de los pieles rojas estaba muerto, pues la bala del mejicano le dió en el pecho, matándole instantáneamente.
Al oÃr las voces de su compañero acudieron los indios para transportarlo al cam—. pamento, y cuando llegó el alba iluminó con su luz pálida el horrible sÃmbolo de muerte, cuyo centro estaba atravesado por la bala del mejicano.
* * *Salió el sol y su aparición fué saludada con gritos de los indios, aunque no tan fuertes como los de la noche anterior. Los salvajes estaban en el campamento y bajo la dirección de su hechicero, que era, al mismo tiempo, su sacerdote, rodeaban la tienda en que yacÃa el muerto. Iban dando vueltas en torno de ella, golpeando el suelo con sus talones y celebrando, asÃ, el rito conocido por el nombre de "danza de la muerte".