La montaña perdida
La montaña perdida No andaba acertado el gambusino al creer improbable un encuentro con los pieles rojas, porque precisamente entonces un grupo numeroso de éstos se acercaba al Cerro Perdido, procedentes del sur. Lo componían numerosos jinetes que no llevaban consigo impedimenta alguna, pues su equipaje se limitaba a un odre lleno de agua, algunas provisiones y una manta arrollada.
Pertenecían a una de las más feroces tribus indias, la que mayor enemistad mostraba hacia todos los blancos en general y, particularmente, a los mejicanos. Recibían ya el nombre de apaches o coyotes, a causa de su ferocidad. Vestían una especie de pantalón largo de piel, con flecos, y calzaban mocasines; iban armados de fusiles, que manejaban con tanta habilidad como las lanzas que llevaban cruzadas a la espalda, y algunos poseían, además, pistolas y hasta revólveres.
Parecían tener cosa de media docena de jefes, y entre éstos, uno se distinguía por un tatuaje blanco en su pecho, representando una serpiente de cascabel, cuya cabeza se disponía a atacar, y encima se veían también un cráneo y dos tibias cruzadas, símbolo temido y generalmente conocido.
