¿Y a ti qué te pasa?
¿Y a ti qué te pasa? Menchu ha cambiado por fuera, pero por dentro, las grietas siguen abiertas. Y Lucas, con su habilidad para seducir y desestabilizar, no ayuda. Él aparece y desaparece, se muestra vulnerable y luego frío, como si no supiera cómo gestionar su propio deseo.
Las salidas del grupo, las copas en el Croll, las risas compartidas, esconden una tensión subterránea. Menchu conoce a Lorenzo, un chico amable, sencillo, de su grupo de teatro. Con él, las cosas son claras. No hay juegos, no hay ausencias. Pero tampoco hay ese magnetismo oscuro que Lucas irradia.
—¿Te gusta ese tipo? —le pregunta Lucas, celoso. —¿Desde cuándo eso te importa? —Desde que te vi sonreírle como me sonreías a mí.
En medio del juego emocional, Lucas sigue coqueteando con otras mujeres. Flirtea con camareras, intercambia miradas con desconocidas. Y sin embargo, siempre vuelve. Siempre busca a Menchu cuando se queda solo. Ella lo sabe. Y aún así, cae.
Noelia, como testigo impotente, pierde la paciencia. Le reprocha a Menchu su falta de amor propio. —No puedes seguir siendo su juguete. Él te quiere cuando le conviene. Y tú se lo permites. Menchu guarda silencio. Porque sabe que es cierto. Pero también sabe que salir de ese bucle exige más que voluntad.
