Pídeme lo que quieras
Pídeme lo que quieras Eric la busca. La llama. La espera. Pero esta vez, ella no cede. Las semanas se convierten en meses. Judith vuelve a ser dueña de sus decisiones, de su tiempo, de su cuerpo. Pero el alma aún lleva marcas que no se borran con distancia.
Una tarde, en medio del silencio que ya se había vuelto costumbre, llega un paquete. Un cuaderno de tapas negras. Su diario… con una nota escrita por Eric:
—Te he leído. Y he llorado. No sabía cuánto te hería mientras te creía feliz.
Judith tiembla. Porque aunque lo dejó, nunca dejó de amarlo. Sus amigas lo notan. Su madre también.
—Hija, cuando un amor te rompe más de lo que te construye, es hora de soltar —le dice su madre, con esa sabiduría sencilla que a veces pesa más que mil consejos.
Pero el amor tiene su propio lenguaje. Judith comienza a escribirle cartas que no piensa enviar. A recordar cada noche, cada palabra, cada mirada. A llorar por lo vivido, sí, pero también por lo que pudo haber sido. Porque, al final, no fue solo deseo. Fue algo más profundo, más real.