Pídeme lo que quieras
Pídeme lo que quieras En el hotel, después de una cena cargada de insinuaciones, Eric vuelve a empujar los límites. Esta vez, la lleva a su habitación. Allí, Judith comienza a experimentar una sexualidad que nunca se había permitido explorar. Eric es exigente, pero también paciente. Le muestra un mundo de placer controlado, donde ella descubre sensaciones nuevas… y un lado de sí misma que desconocía.
—Quiero que lo hagas por mí, Judith. Que te entregues sin miedo —le susurra, mientras le pide que confíe y se deje llevar.
Poco a poco, Judith comienza a formar parte del juego. Pero no sin consecuencias. Eric quiere controlarlo todo: cómo se viste, con quién habla, cómo se comporta. Su posesividad la inquieta, aunque también la enciende. Judith intenta marcar límites, pero él los difumina con cada caricia, con cada orden susurrada al oído.
La vuelta a Madrid no apaga el fuego. Al contrario. Eric aparece en la oficina con flores, gestos dulces que desconciertan a Judith. ¿Es solo deseo lo que siente por ella? ¿O hay algo más bajo esa fachada fría?
