Billy Budd, marinero
Billy Budd, marinero Llegó el cirujano —un hombre serio, con tanto aplomo y experiencia que muy pocas cosas lo impresionaban ya— y el capitán Vere salió a su encuentro; tapándole sin querer a Claggart, interrumpió su ceremonioso saludo y le dijo:
—No. Decidme en qué estado se encuentra ese hombre. —Y le indicó el cuerpo postrado.
El cirujano lo miró y, pese a su dominio de sà mismo, se sobresaltó un poco ante la brusca revelación. Sobre la tez siempre pálida de Claggart goteaba sangre negra de la nariz y el oÃdo. La mirada experta del profesional supo de forma inconfundible que no veÃa un hombre vivo.
—¿Es as� —dijo el capitán Vere mirándole con fijeza—. Ya me lo pensaba. Pero comprobadlo.
El reconocimiento habitual corroboró la primera impresión del cirujano, que alzó la vista y miró a su superior sin disimular su preocupación. Pero el capitán Vere, con una mano en el entrecejo, seguÃa inmóvil. De pronto, sujetó al cirujano por el brazo con un gesto compulsivo y exclamó señalando al cadáver:
—¡Es el juicio divino contra AnanÃas[43], mirad!