Billy Budd, marinero
Billy Budd, marinero —¡Muerto por un ángel de Dios! Pero ¡el ángel habrá de ser colgado! —Al oÃr esas interjecciones vehementes, simples incoherencias para cualquiera que las oyese sin estar en antecedentes de lo ocurrido, el cirujano se quedó muy desconcertado. No obstante, el capitán Vere logró dominarse y, en tono menos impetuoso, le relató de forma sucinta las circunstancias que habÃan llevado a aquel suceso—. Pero vamos; tenemos que actuar deprisa —añadió—. Ayudadme a llevarlo a esa cámara de ahÃ. —Y señaló una que habÃa enfrente de donde estaba encerrado el gaviero. Turbado una vez más por una petición que le pareció muy rara, pues parecÃa implicar la necesidad de actuar en secreto, al subordinado no le quedó otro remedio que obedecer—. Y ahora marchaos —dijo el capitán casi con la misma voz de siempre—. Marchaos. No tardaré en convocar un consejo de guerra. Contadles a los tenientes lo sucedido, decÃdselo también al señor Mordant, el capitán de los infantes de marina. Y advertidles de que no lo divulguen.