Billy Budd, marinero
Billy Budd, marinero ¿Quién puede trazar la línea donde termina el violeta y donde empieza el naranja en el arcoíris? Vemos con claridad la diferencia de los colores, pero ¿dónde con exactitud se mezclan el uno con el otro? Lo mismo ocurre con la locura y la cordura. En los casos extremos no hay ninguna duda. Pero en ciertos supuestos, presumiblemente menos extremos, muy pocos osarán trazar la línea exacta de demarcación, aunque a cambio de los honorarios adecuados hay expertos que lo harán. Y es que no hay nada que ciertos hombres no hagan —o estén dispuestos a hacer— por dinero.
Cada cual tendrá que decidir, a la luz de los datos que pueda aportar esta narración, si el capitán Vere, como sospechaba desde un punto de vista tanto profesional como personal el cirujano, sufría en realidad algún tipo de perturbación.
Lo único cierto es que el desdichado incidente que acabamos de relatar no podía haber ocurrido en peor momento. Pues aconteció justo después de reprimirse las insurrecciones, en una coyuntura muy crítica para la autoridad naval, que exigía de cada capitán inglés dos cualidades no siempre fáciles de combinar: prudencia y rigor. Además, el suceso tenía algo de crucial.