Billy Budd, marinero
Billy Budd, marinero Es probable que se hallasen en un estado de ánimo tan atribulado como el que, en 1842, empujó al capitán del bergantín de guerra estadounidense Somers a aplicar el Código Militar, basado en la Ley de Amotinamiento inglesa, y a dictar el ajusticiamiento en alta mar de un guardiamarina y dos marineros acusados de sedición y de intentar apoderarse de la nave. Ejecución que se llevó a cabo a pesar de hallarse en tiempo de paz y a pocos días de navegación de puerto. Un acto ratificado por un tribunal naval de investigación constituido después en tierra. Es historia, y se cita aquí sin más comentarios. Cierto que las circunstancias a bordo del Somers eran diferentes de las que se daban a bordo del Bellipotent. Pero la necesidad de premura, justificada o no, era muy similar.
Un escritor poco conocido afirma: «Es fácil para un no combatiente razonar, cuarenta años después de producirse una batalla, sobre cómo debería haberse librado. Muy distinto es tener que dirigir el combate en persona, bajo el fuego y en mitad del humo que lo oscurece. Lo mismo ocurre con otras emergencias que requieren consideraciones tanto prácticas y morales cuando es imperativo actuar con rapidez. Cuanto más espesa es la niebla mayor peligro corre el vapor, y se aumenta la velocidad aun a riesgo de abordar a alguien. Poco sabe quien juega cómodamente a las cartas en su camarote de las responsabilidades del hombre que está insomne en el puente».