Billy Budd, marinero
Billy Budd, marinero Dichas estas palabras, cruzó la cubierta, volvió a ocupar su sitio al lado de la portilla y dejó tácitamente que los tres llegasen a una decisión. Al otro extremo del camarote, el tribunal seguía turbado y en silencio. Fieles vasallos, prácticos y sencillos, aunque en el fondo estuviesen en desacuerdo con algunas de las cosas que había dicho el capitán Vere, carecían de las facultades, y de la inclinación, para contradecir a alguien a quien tenían por un hombre juicioso y superior a ellos no solo en rango naval sino en inteligencia. Pero lo más probable es que, aunque todas sus palabras les influyeran, ninguna lo hiciera tanto como la última apelación a su instinto de oficiales navales, y la consideración sobre las consecuencias prácticas en la disciplina, dada la incierta situación de la flota en aquel momento, si castigaban la muerte violenta de un superior por parte de un tripulante de un buque de guerra de otro modo que no fuese como un delito capital que exigía la inmediata aplicación de la pena.