Billy Budd, marinero
Billy Budd, marinero No hace falta dar detalles de esta última formalidad. Pero, cuando la carga se deslizó hacia el mar sobre la tabla de madera, se oyó un segundo murmullo, mezclado en esta ocasión con otro ruido inarticulado emitido por unas aves marinas de gran tamaño a las que llamó la atención el chapoteo causado por el coy lastrado al caer en el agua y que volaron chillando hasta allí. Pasaron tan cerca del casco del barco que se oyó el óseo crujido de sus alas finas y angulosas. Cuando el barco, empujado por un viento favorable, pasó de largo y dejó a popa el lugar del enterramiento, ellas siguieron dando vueltas a poca altura en torno a él, proyectando las sombras móviles de sus alas extendidas y entonando un réquiem con sus graznidos.