Billy Budd, marinero
Billy Budd, marinero La enormidad del crimen y la extremada depravación del criminal parecen aún mayores si se tiene en cuenta el carácter de la víctima, un hombre de edad mediana discreto y respetable, perteneciente a ese rango menor de los suboficiales de los que depende en gran medida la eficiencia de la Armada de su majestad. Ejercía una función de responsabilidad, al mismo tiempo exigente y desagradecida, y la desempeñaba con la fidelidad que emanaba de un acusado impulso patriótico. En este caso, como en tantos otros en estos días, el carácter de este hombre desdichado ofrece una clara refutación, suponiendo que hiciese falta refutarla, de esa antipática afirmación atribuida al doctor Johnson de que el patriotismo es el último refugio de los canallas.
El criminal pagó su crimen. La prontitud del castigo ha demostrado ser beneficiosa. Ya no hay noticias de que ocurra nada raro a bordo del Bellipotent.
Esta crónica, aparecida en una publicación anticuada y olvidada hace ya mucho tiempo, es el único registro que ha quedado para dar fe de qué clase de personas fueron respectivamente John Claggart y Billy Budd.