Billy Budd, marinero
Billy Budd, marinero En la marina todo se venera por un tiempo. Cualquier objeto tangible asociado con algún incidente destacado del servicio se convierte en un monumento. Durante años, los marineros recordaron cuál era la verga de la que habían colgado al gaviero. Su recuerdo pasó del barco al astillero y del astillero otra vez al barco, y siguieron teniéndola presente cuando se convirtió por fin en una simple percha en un astillero. Para ellos una astilla era como un trozo de la cruz. Aunque ignorasen los hechos secretos que habían causado la tragedia, y pensaran que el castigo era la pena inevitable desde el punto de vista de la Armada, sabían de forma intuitiva que Billy era tan incapaz de amotinarse como de cometer un asesinato. Recordaban el rostro lozano del marinero bonito, que nunca deformó una burla o una idea malvada que anidase en el fondo de su corazón. Ya la impresión se ahondó sin duda por el hecho de que se hubiese ido de forma tan misteriosa. En las cubiertas de cañones del Bellipotent el aprecio general que a todos les inspiraba su naturaleza y su inconsciente sencillez encontró una tosca expresión en otro gaviero de su misma guardia, dotado, como muchos marineros, de un temperamento poético natural. El marinero compuso unos versos que, después de circular entre las tripulaciones del barco por un tiempo, llegaron a imprimirse por fin burdamente en Porstmouth en forma de balada. Se le puso el título que le había dado el marinero.