Billy Budd, marinero
Billy Budd, marinero A alguien tan bisoño en las complejidades de la vida práctica podrÃa haberlo cohibido el brusco paso de una esfera anterior más sencilla al mundo más vasto y experimentado de un gran buque de guerra, si hubiese habido la más mÃnima vanidad o presunción en su persona. Entre su variopinta dotación, el Bellipotent contaba con varios individuos que, aunque inferiores en rango, tenÃan un temple poco frecuente, marineros a quienes delataba esa conducta que la disciplina marcial continuada y la reiterada presencia en las batallas pueden imprimir hasta cierto punto incluso en un hombre corriente. La situación como marinero bonito de Billy Budd en el setenta y cuatro cañones recordaba a la de una belleza rural trasplantada desde provincias a la corte para competir con las damas de más alcurnia. Pero él apenas notó el cambio de circunstancias. Igual que no reparó en que algo en él hacÃa sonreÃr con gesto ambiguo a uno o dos de los chaquetas azules[7] más curtidos. Tampoco advirtió el peculiar efecto favorable que causaban su porte y su persona entre los caballeros más inteligentes del alcázar. Y no podÃa ser de otra manera. Vaciado en el mismo molde que los mejores ejemplos fÃsicos de esos ingleses en quienes la vena sajona parece no haberse mezclado con la sangre normanda ni con ninguna otra, su rostro exhibÃa el mismo aire humano y sosegado con que retrataban a veces los escultores griegos al fuerte héroe, Hércules. Pero eso también lo matizaba con sutileza otra cualidad dominante. La oreja, pequeña y bien formada, el arco del pie, la curva de la boca y la nariz, incluso la mano encallecida y teñida del ámbar tostado del pico del tucán, una mano conocedora tanto de las drizas como de los cubos de brea; pero, sobre todo, algo en lo efÃmero de su gesto, y en todas sus posturas y movimientos, que recordaba a una madre favorecida por Amor y las Gracias; todo indicaba un linaje en directa contradicción con su destino. El misterio se tornó menos misterioso gracias a ciertos hechos que se revelaron cuando enrolaron formalmente a Billy ante el cabestrante. Cuando el oficial, un caballero brusco y menudo, le preguntó por su lugar de nacimiento replicó: