Billy Budd, marinero
Billy Budd, marinero —Disculpadme, señor, pero lo desconozco.
—¿Ignoras dónde naciste? ¿Quién era tu padre?
—Sabe Dios, señor.
Asombrado por la sencillez de estas respuestas, el oficial preguntó a continuación:
—¿Sabes algo de tus inicios?
—No, señor. Pero he oÃdo contar que me encontraron una mañana en una preciosa cesta forrada de seda colgada de la aldaba de la puerta de un buen hombre en Bristol.
—¿Dices que te encontraron? Caramba. —Echó la cabeza atrás y observó de arriba abajo al nuevo recluta—. Pues por lo visto fue un buen hallazgo. Espero que encuentren a más como tú, muchacho; por desgracia, la Armada los necesita.
SÃ, Billy Budd era un expósito, es de suponer que un bastardo, y, desde luego, no precisamente innoble. Su origen noble era tan evidente en él como en un pura sangre.
Por lo demás, con escasa, o ninguna agudeza de facultades y nada de la cautela de la serpiente, y sin ser tampoco una paloma[8], tenÃa la inteligencia y la rectitud nada convencionales de una criatura humana y sensata a quien aún no se le ha ofrecido la cuestionable manzana del conocimiento. Era iletrado; no sabÃa leer, pero sà cantar y, como el inculto ruiseñor, componÃa a veces su propia canción.