Billy Budd, marinero

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El acontecimiento convirtió por un tiempo en irónicos los inspirados compases de Dibdin[14] â€“compositor cuya ayuda al Gobierno inglés en aquella coyuntura europea fue incalculable— que celebraban, entre otras cosas, la entrega patriótica del marinero británico: «¡Y en cuanto a mi vida, del rey es!».

Como es natural, los historiadores navales despachan de un plumazo semejante episodio en la magnífica historia naval de la isla: uno de ellos (William James) admite con candidez que de buena gana lo pasaría por alto de no ser porque «la imparcialidad proscribe esos remilgos». Pese a todo, su mención no es tanto un relato como una referencia sin apenas detalles, que, por otro lado, tampoco pueden encontrarse con facilidad en las bibliotecas. Como otros sucesos de todas las épocas, acontecidos en diversos países, entre ellos Norteamérica, el gran motín fue de tal naturaleza que razones políticas y de orgullo nacional de buena gana habrían dejado que se borrara de las páginas de la Historia. Sucesos semejantes no pueden pasarse por alto, pero hay un modo delicado de tratarlos desde el punto de vista histórico. Si los individuos mejor considerados procuran no dar publicidad a algún hecho calamitoso o vergonzoso acaecido en su familia, una nación en circunstancias parecidas también puede ser discreta sin que nadie pueda reprochárselo.


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