Billy Budd, marinero
Billy Budd, marinero Pero tampoco hay que prestar demasiado crédito a las murmuraciones que circulaban en la cubierta de cañones acerca de Claggart, pues nadie que ejerciera su cargo en un buque de guerra podía contar con ser muy popular entre la tripulación. Además, en lo que se refiere a los comentarios críticos contra quien les ha agraviado, o contra quien, con razón o sin ella, no les es simpático, los marineros se parecen a la gente de tierra firme: son proclives a la fábula y la exageración.
Los marineros del Bellipotent sabían más o menos lo mismo de la carrera del maestro de armas antes de que se enrolara que un astrónomo de los viajes de un cometa antes de que aparezca por primera vez en el firmamento. Hemos reproducido el veredicto de los chismosos del mar solo para mostrar la impresión moral que causaba aquel hombre sobre unas naturalezas rudas e incultas cuyo concepto de la maldad humana era por fuerza muy reducido y se limitaba a la picaresca más vulgar: un ladrón entre los coys colgados en la guardia nocturna, o los rateros y cortabolsas que merodeaban por los puertos.