Billy Budd, marinero
Billy Budd, marinero En la época anterior a los barcos de vapor, o tal vez con más frecuencia entonces que ahora, quienes paseaban por los muelles de cualquier gran puerto de mar reparaban de cuando en cuando en un grupo de marineros bronceados, tripulantes de buques de guerra o de algún mercante, que vestidos de domingo disfrutaban de un permiso en tierra. En algunos casos flanqueaban, o rodeaban igual que guardaespaldas, a una figura superior que se movía con ellos como Aldebarán entre las estrellas menores de su constelación. Dicho objeto señalado era el «marinero bonito» de las épocas menos prosaicas de las flotas tanto militares como mercantes. Sin la menor vanagloria, con la resolución desenvuelta que otorga la realeza desde la cuna, parecía aceptar el homenaje espontáneo de sus camaradas.
