Billy Budd, marinero
Billy Budd, marinero En cuanto al guardia de popa, y pese a que por las razones antes citadas Billy apenas lo veía, cada vez que se encontraban, el hombre le saludaba con alegre desenvoltura, en ocasiones acompañada de una palabra amable o dos. Cualquiera que fuese el designio original de aquel joven equívoco, o de quien lo hubiese enviado como intermediario, era evidente que, a juzgar por su comportamiento en tales ocasiones, había renunciado a él.
Era como si su precocidad en el mal (y todos los villanos vulgares son precoces) le hubiese engañado por una vez, y el hombre a quien había tomado por tonto y al que había intentado tender una trampa lo hubiese derrotado ignominiosamente gracias a su propia sencillez.
Los más astutos dirán que es raro que Billy lograra reprimir el impulso de ir a ver al guardia de popa y preguntarle sin más cuál había sido su propósito en aquella conversación tan bruscamente interrumpida junto a los cadenotes. Dirán también que lo lógico habría sido que Billy intentara sondear a los otros tripulantes reclutados a la fuerza para descubrir qué base tenían, si es que la tenían, las extrañas insinuaciones de aquel enviado sobre una conspiración a bordo. Sí, eso dirán, aunque para comprender una personalidad como la de Billy Budd hace falta algo más que solo astucia.