Billy Budd, marinero
Billy Budd, marinero Es más, aunque a tenor de los recientes acontecimientos lo más recomendable habrÃa sido tomar medidas inmediatas ante el primer indicio palpable de insubordinación, no le pareció juicioso dar a entender que persistÃa la desafección y prestar crédito precipitadamente a un informante, por más que se tratase de su subordinado y del encargado, entre otras cosas, de la vigilancia policÃaca de la tripulación. Esa idea tal vez no habrÃa prevalecido de no haber sido porque en una ocasión anterior el celo patriótico oficialmente exhibido por Claggart le habÃa irritado por parecerle exagerado y forzado. Por si fuese poco, habÃa algo en la ostentación y el dominio de sà mismo con que el suboficial proporcionaba todos aquello detalles que le recordaba a un músico de banda, un testigo perjuro en un caso de pena capital juzgado en un consejo de guerra del que él mismo habÃa formado parte cuando era teniente.
A la brusca interrupción antes de que Claggart pudiese hacer aquella alusión, siguió esto:
—DecÃs que hay al menos un hombre peligroso a bordo. Nombradlo.
—William Budd, un gaviero, su señorÃa.
—¡William Budd! —repitió el capitán Vere con sincera sorpresa—. ¿Os referÃs al hombre que el teniente Radcliffe trajo hace poco del mercante, ese joven que es tan popular entre los hombres y al que llaman el marinero bonito?