Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada Éstos son los momentos en los que, en su lancha ballenera, el trotamundos siente mansamente hacia el mar una cierta emoción filial, confiada, terrena; que lo mira como a otra tierra florida; y el distante barco, que revela sólo las cofas de sus mástiles, parece avanzar con esfuerzo no a través de altas olas que voltean, sino a través de la alta hierba de una ondulante pradera: como cuando los caballos de los emigrantes hacia el Oeste sólo muestran sus orejas erguidas, mientras sus cuerpos ocultos extensamente vadean entre la prodigiosa vegetación.
Los largos valles vÃrgenes; las dulces faldas azules de montañas, mientras sobre éstos se extiende el silencio, el susurro; casi puedes jurar que niños agotados de jugar descansan dormidos en estas latitudes, en alguna alegre época de mayo, cuando se recogen las flores de los bosques. Y todo esto se mezcla con vuestro más mÃstico estado de ánimo; de manera que hechos e imaginación, encontrándose a mitad de camino, se interpenetran, y forman un todo sin costuras.
Tampoco tales tranquilizantes escenas, por muy provisionales que fueran, dejaron de ejercer un efecto al menos temporal sobre Ajab. Mas aunque estas secretas llaves doradas parecieron abrir en él sus propios dorados secretos tesoros, su aliento sobre ellas, sin embargo, no resultó ser sino deslustrante.