Moby Dick. Version ilustrada
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CAPÍTULO CXV
EL PEQUOD ENCUENTRA AL SOLTERO
Y bien joviales fueron las imágenes y los sonidos que arribaron a popa unas pocas semanas después de que el arpón de Ajab hubiera sido forjado.
Era un barco de Nantucket, el Soltero, que acababa de embutir su último tonel de aceite, y de echar el cerrojo en sus cuarteles a reventar; y que ahora, con alegre atavío de recreo, iba jovial, aunque algo vanaglorioso, navegando de uno a otro de los muy distanciados barcos en el caladero, antes de poner proa a puerto.
Los tres hombres de sus topes llevaban en sus sombreros largos banderines de estrecha cinta roja; de su popa pendía una ballenera con el fondo hacia arriba; y colgando cautiva del bauprés se veía la larga mandíbula inferior de la última ballena que habían matado. Señales, enseñas y banderas de todos los colores ondeaban de su jarcia por todas partes. Había dos barriles de esperma atados de lado en cada una de sus tres cofas provistas de barquillas; y sobre ellos, en las crucetas de sus masteleros, veías delgados barriletes del mismo precioso fluido; y clavada en la galleta de su palo mayor había una lámpara de latón.