Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada —¡El Viejo Trueno! —dijo Ajab, tanteando su camino junto a las amuradas, en dirección a su cavidad de pivote; aunque repentinamente encontrando su ruta claramente mostrada por impelidas lanzas de fuego.
Ahora bien, lo mismo que en tierra el pararrayos de una torre tiene como objeto transportar el peligroso fluido hasta la tierra, así la barra análoga que en la mar algunos barcos portan en cada mástil tiene como objeto conducirlo hasta el agua. Pero como este conductor debe descender hasta una considerable profundidad, para que su extremo pueda evitar cualquier contacto con el casco, y como además, si se mantiene constantemente arrastrando allí, puede ser causa de muchos accidentes, aparte de interferir no poco con una porción de la jarcia, y de parcialmente entorpecer la marcha del navío en el agua, por todo ello, la parte inferior de los pararrayos de un barco no siempre está en el agua; normalmente se conforma en largos eslabones delgados, de manera que puedan ser halados con la mayor celeridad a las mesas de guarnición, afuera, o lanzados al mar, según lo requiera la ocasión.
—¡Las barras, las barras! —gritó Starbuck a la tripulación, repentinamente advertido por el vivaz relampagueo que instantes antes había estado arrojando antorchas para alumbrar a Ajab hasta su sitio—. ¿Están en el agua? Arrojadlas fuera, a proa y popa. ¡Rápido!