Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada —¡Oh, vos, claro espíritu de claro fuego, al que en estos mares yo como persa una vez veneré, hasta que en el acto sacramental tanto me quemé por vos, que aún hoy porto la cicatriz! Ahora os conozco, vos, claro espíritu, y ahora sé que para vos el desafío es el culto apropiado. Ni ante el amor ni ante la reverencia seréis benévolo; y aun ante el odio sólo podéis matar; y muertos son todos. No es un loco intrépido el que a vos se enfrenta ahora. Reconozco vuestro mudo e ilocalizado poder; pero hasta el último aliento de mi cataclísmica vida combatiré su incondicional e inintegral dominio en mí. En medio de lo impersonal personificado, una personalidad aquí se alza. Aunque en el mejor de los casos sólo un punto. De donde sea que yo venga, a donde sea que yo vaya, con todo, mientras terrenalmente viva, la regia personalidad vive en mí, y siente sus derechos de realeza. Mas la guerra es dolor, y el odio es desdicha. Venid en vuestra más baja forma de amor, y me arrodillaré y os besaré; pero en la más alta de las vuestras, venid como mero poder supernatural; y aunque enviéis flotas de mundos completamente pertrechados, aquí hay lo que todavía sigue siendo indiferente. Oh, vos, claro espíritu, de vuestro fuego vos me hicisteis, y como un verdadero hijo de fuego yo lo exhalo otra vez hacia vos.