Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada —Yo sujeto la bobina, señor. Pero lo que diga mi capitán. Con estos cabellos grises que tengo no merece la pena disputar, especialmente con un superior que no cederá nunca.
—¿Qué es eso? Tenemos aquà un remendado profesor de la universidad cimentada en granito de la reina naturaleza; pero me da a mà que es demasiado servil. ¿Dónde nacisteis?
—En la pequeña y rocosa isla de Man, señor.
—¡Excelente! Asà habéis dado en el mundo.
—No lo sé, señor, pero yo nacà allÃ.
—En la isla de Man, es decir, la isla de Hombre, ¿eh? Bien, bien está de esta otra manera. Aquà hay un hombre de Hombre; un hombre nacido en el alguna vez independiente Hombre, y ahora deshabitado Hombre; que es embaucado… ¿por qué cosa? ¡Alzad la bobina! La pared ciega, muerta, topa finalmente con todas las inquisitivas cabezas. ¡Arriba con ella! AsÃ.
Se echó la corredera. Las vueltas sueltas se estiraron rápidamente en un largo cordel que arrastraba a popa, y entonces, instantáneamente, la bobina empezó a girar. Sacudida arriba y abajo por las ondeantes olas, la remolcadora resistencia de la barquilla hizo que el viejo portador de la bobina se tambaleara de extraña manera.
—¡Sujetad con fuerza!