Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada —El mayor necio siempre riñe al menor —murmuró Ajab, avanzando—. ¡Fuera las manos de esa santidad! ¿Dónde dijisteis que estaba Pip, muchacho?
—Ahà a popa, señor, ¡a popa! ¡AhÃ, ahÃ!
—¿Y quién sois vos, muchacho? No veo mi reflejo en las vacÃas pupilas de vuestros ojos. ¡Oh, Dios!, ¡que el hombre haya de ser algo en lo que a través suyo se criben las inmortales almas! ¿Quién sois vos, muchacho?
—El botones, señor; el pregonero del barco; ¡ding, dong, ding! ¡Pip! ¡Pip! ¡Pip! ¡Recompensa por Pip! Cien libras de barro… cinco pies de alto… apariencia cobarde… ¡conocido más prontamente como tal! ¡Ding, dong, ding! ¿Quién ha visto al cobarde Pip?
—No puede haber corazones por encima de la cota de nieve. ¡Oh, vos, Cielos helados!, mirad aquà abajo. Engendrasteis a este infortunado niño, y vos, libertinos creativos, le habéis abandonado. AquÃ, muchacho; la cabina de Ajab será desde ahora el hogar de Pip, mientras Ajab viva. Tocáis mi más profundo centro, muchacho; estáis atado a mà por cordones tejidos con las cuerdas de mi corazón. Venid, bajemos.