Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada —Se va hecho una fiera. Puede soportar la totalidad; en las partes se echa atrás. Bueno, esto no me gusta. Hago una pierna para el capitán Ajab, y la lleva como un caballero; pero hago una sombrerera para Queequeg, y no quiere meter la cabeza en ella. ¿No van a servir para nada todos mis esfuerzos con ese ataúd? Y ahora se me ordena que lo convierta en un salvavidas. Es como dar la vuelta a un abrigo viejo; llevar la carne ahora del otro lado. No me gusta este trabajo de composturas… no me gusta nada; no es digno; no es mi lugar. Que los remendones hagan remiendos; nosotros somos mejores que ellos. A mà no me gusta aceptar sino trabajos matemáticos, rectos y escuadrados, virginales, limpios, algo que comienza con regularidad en el principio, y que está a medias en la mitad, y que termina cuando concluye; no el trabajo del buhonero, que está terminando en la mitad y comenzando al final. Andar encargando trabajos de composturas es treta de vieja. ¡Señor!, qué afición tienen las viejas a los buhoneros. Yo sé de una vieja de sesenta y cinco años que una vez se fugó con un joven buhonero calvo. Y ésa es la razón por la que, cuando tenÃa mi taller en el Vineyard, nunca trabajaba para viejas viudas solitarias en tierra; podrÃa habérseles metido en sus solitarias viejas cabezas huir conmigo. Pero, ¡hey-ho!, no hay rizos en el mar salvo los de espuma. Veamos. Clavar la tapa; calafatear las juntas; sellar las mismas con brea; revestirlas firmes con listones, y colgarlo con el muelle de presa en la popa del barco. ¿Se hicieron antes semejantes cosas con un ataúd? Algunos viejos carpinteros superticiosos se dejarÃan atar a la jarcia antes de hacer el trabajo. Pero yo estoy hecho de nudoso abeto de Aroostook; yo no cedo. ¡Baticolado con un ataúd! ¡Navegando por ahà con un cajón de cementerio! Aunque no importa. Nosotros, trabajadores de la madera, fabricamos camas nupciales y mesas de juego, además de ataúdes y carrozas fúnebres. Trabajamos por meses, o por obra hecha, o a beneficio; no nos es propio preguntar el porqué y el para qué de nuestro trabajo, a no ser que sean composturas demasiado confusas, y entonces, si podemos, lo dejamos de lado. ¡Ejem! Haré ahora el trabajo, con ternura. Me haré… veamos… ¿cuántos hay en la compañÃa del barco en total? Se me ha olvidado. De cualquier manera, me haré treinta distintos cabos salvavidas de rabiza, cada uno de tres pies de longitud, colgando todo alrededor del ataúd. Entonces, si el casco se va a pique, habrá treinta briosos individuos luchando todos por un ataúd, ¡una visión no muy frecuente de ver bajo el sol! ¡Vamos, martillo, hierro de calafatear, bote de brea, y pasador! Vamos a ello.