Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada —SÃ, y eso es porque esa tapa es una caja de resonancia; y lo que hace en toda caja de resonancia es esto… no hay nada debajo. Y, sin embargo, un ataúd con un cuerpo dentro suena muy parecido, carpintero. ¿Habéis ayudado alguna vez a portar un féretro, y habéis escuchado el ataúd golpear contra la puerta del camposanto al entrar?
—A fe mÃa, señor, he…
—¿Fe? ¿Qué es eso?
—Bueno, fe, señor, sólo era como una exclamación… Eso es todo, señor.
—Hum, hum; seguid.
—Iba a decir, señor, que…
—¿Sois un gusano de seda? ¿Tejéis de vos mismo vuestro propio sudario? ¡Mirad vuestro pecho! ¡Despachad!, y apartad estos bártulos de la vista.
—Se va a popa. Bueno, ha sido súbito; pero las tormentas llegan súbitamente en las latitudes cálidas. He oÃdo decir que a la isla de Albermarle, una de las Galápagos, la corta el ecuador justo por la mitad. Me parece a mà que alguna clase de ecuador corta a este viejo, también, justo por la mitad. Siempre está bajo su lÃnea… ¡ardorosamente caliente, os digo! Mira hacia aquÃ… venga, estopa; rápido. Aquà vamos de nuevo. La maza de madera es el corcho, y yo soy el profesor de vasos musicales… ¡tap, tap!
(Ajab para sÃ.)