Moby Dick. Version ilustrada

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Sea aquí dicho que este pertinaz seguimiento de una ballena en particular, continuado del día a la noche y de la noche al día, es algo en modo alguno carente de precedentes en la pesquería de los Mares del Sur. Pues tal es la maravillosa pericia, presciencia de experiencia, e invencible confianza adquirida por algunos grandes genios naturales de entre los comandantes de Nantucket, que a partir de la simple observación de una ballena al ser avistada por última vez podrán, bajo ciertas circunstancias dadas, predecir con bastante exactitud tanto la dirección en que continuará nadando cierto tiempo, durante el cual no se la puede ver, como su probable grado de progresión durante ese periodo. Y en estos casos, de manera similar a como un piloto, cuando a punto de perder de vista una costa cuyo contorno general conoce bien, y a la que desea pronto regresar de nuevo, aunque en un punto más alejado; lo mismo que cuando este piloto permanece junto a su compás, y anota la demora precisa de ese cabo visible en aquel momento, con objeto de enfilar correctamente con la mayor certeza el remoto invisible promontorio al que finalmente va a llegar, así actúa el pescador con la ballena con su compás; pues tras ser perseguida, y diligentemente consignada durante varias horas de luz diurna, entonces, cuando la noche ensombrece al pez, la futura estela de la criatura a través de la oscuridad, está casi tan determinada para la sagaz mente del cazador, como la costa del piloto para éste. De manera que para la asombrosa pericia de este cazador, la proverbial evanescencia de algo escrito en el agua, una estela, es, a todos los propósitos requeridos, algo casi tan fiable como la tierra firme. Y lo mismo que el poderoso leviatán de hierro de la moderna vía férrea, se conoce en toda su andadura de tan familiar manera que, con relojes en sus manos, los hombres miden su paso como los médicos el pulso de un niño; y, despreocupadamente, dicen de él que el tren de ida o el tren de vuelta llegará a tal o cual lugar, a tal o cual hora; casi así, hay ocasiones en las que estos nativos de Nantucket toman el tiempo de ese otro leviatán de las profundidades conforme a la disposición observada de su celeridad; y se dicen a sí mismos: desde ahora a tantas horas esta ballena habrá recorrido doscientas millas, habrá casi alcanzado este o aquel grado de latitud o longitud. Aunque para que finalmente esta perspicacia alcance algún éxito, el viento y el mar deben ser los aliados del ballenero; pues en la calma o con viento contrario, ¿de qué utilidad inmediata es para el marino la pericia que le asevera que está exactamente a noventa y tres leguas y cuarto de su puerto? Muchos sutiles asuntos colaterales referentes al acoso de la ballena es dado inferir de estas afirmaciones.


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