Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada Y lo único que Stubb hacía era hablar en nombre de casi toda la tripulación. Para entonces el frenesí del acoso les había efervescentemente aprestado, como el vino viejo nuevamente elaborado. Cualesquiera pálidos temores y presagios que algunos de ellos pudieran haber sentido antes; no sólo se mantuvieron ahora ocultos a causa del creciente temor hacia Ajab, sino que se disolvieron, y por todas partes fueron puestos en fuga como tímidas liebres de la pradera que se dispersan ante el galopante búfalo. La mano de la fatalidad se había apoderado de todas sus almas; y de los excitantes riesgos del día anterior; del tormento del suspense de la noche pasada; de la manera fija, impávida, ciega, desalmada, con la que su feroz nave iba abalanzándose hacia su objetivo volante; de todo ello sus corazones se sentían arrastrados. El viento que hacía grandes panzas de sus velas, e impulsaba el navío con brazos tan invisibles como irresistibles, parecía el símbolo de ese invisible agente que de tal manera los esclavizaba en la carrera.