Moby Dick. Version ilustrada

Moby Dick. Version ilustrada

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—Starbuck, últimamente me he sentido extrañamente impelido a vos; desde esa hora en que los dos vimos… vos sabéis qué, el uno en los ojos del otro. Mas en este asunto de la ballena, sea para mí el exterior de vuestro rostro como la palma de esta mano… un vacío sin rasgos desprovisto de labios. Ajab siempre es Ajab, señor. Este entero acto está inmutablemente decretado. Fue ensayado por vos y por mí mil millones de años antes de que este océano ondeara. ¡Necio! Yo soy el lugarteniente de las Parcas; actúo bajo órdenes. ¡Aplicaos, vos, inferior, a obedecer las mías!… Rodeadme, marineros. Veis un viejo cercenado al muñón; recostado en una lanza astillada; sostenido en un solitario pie. Es Ajab… su cuerpo es un fragmento; pero el alma de Ajab es un ciempiés que se mueve sobre cien patas. Me siento tenso, medio deshilachado, como los cabos que remolcan fragatas desarboladas en una galerna; y puede que eso sea lo que aparente. Pero antes de romperme me escucharéis chascar; y hasta que escuchéis eso, sabed que la guindaleza de Ajab aún remolca su propósito. ¿Creéis, marineros, en los llamados presagios? ¡Entonces reíd en voz alta, y pedid otro más! Pues antes de ahogarse, lo que se ahoga ha de subir dos veces hasta la superficie; y entonces volver a subir, para hundirse por siempre jamás. Así es con Moby Dick… dos días ha salido a flote… mañana será el tercero. Sí, marineros, volverá a subir una vez más… ¡pero sólo para su chorrear final! ¿Os sentís valientes, marineros, valientes?


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