Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada —¡Mi estacha!, ¿mi estacha? ¿Perdido?… ¿perdido? ¿Qué significa esa pequeña palabra?… ¿Qué toque a muertos resuena en ella, que el viejo Ajab tiembla como si fuera el campanil? ¡El arpón también!… Volcad allà los restos… ¿Lo veis?… El hierro forjado, marineros, el de la ballena blanca… No, no, no… ¡Necio infecto! ¡Esta mano lo lanzó!… ¡Está en el pez!… ¡Atentos, arriba! No lo perdáis… ¡Rápido!… Toda la tripulación a aparejar las lanchas… recoged los remos… ¡Arponeros!, ¡los hierros, los hierros!… Izad más los sobrejuanetes… ¡Cazad todas las escotas!… ¡Timonel!, ¡firme, firme, por tu vida! Rodearé diez veces el inmensurado globo, sÃ, y me zambulliré derecho a su través, ¡pero aún lo mataré!
—¡Dios omnipotente, mostraos aunque sólo sea un instante! —gritó Starbuck—; nunca, nunca lo capturaréis, viejo… En nombre de Jesús, no más de esto, es peor que la locura del Diablo. Dos dÃas acosado; dos veces hecho astillas; vuestra propia pierna arrebatada de una dentellada de debajo de vos; vuestra maligna sombra perdida… todos los bondadosos ángeles abrumándoos con advertencias: ¿qué más deseáis?… ¿Hemos de seguir persiguiendo este pez asesino hasta que abisme al último hombre? ¿Hemos de ser arrastrados por él al fondo del mar? ¿Hemos de ser por él remolcados al mundo infernal? Ah, ah… ¡Seguir cazándole es impiedad y blasfemia!