Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada Y las lanchas se lanzaron al ataque; pero Moby Dick, enloquecido por los nuevos hierros de ayer que se corroían en él, parecía conjuntamente poseído por todos los ángeles que cayeron del Cielo. Las amplias hileras de tendones soldados que sobresalían bajo la piel trasparente de su despejada frente blanca parecían anudadas; cuando, con la cabeza por delante, llegaba agitando su cola entre las lanchas, y una vez más las vareaba; haciendo perder los hierros y las lanzas a las dos lanchas de los oficiales, y aplastando un costado de la parte superior de sus proas, aunque dejando la de Ajab apenas sin rasguño.
Mientras Daggoo y Tashtego estaban encajando las tablas dañadas y la ballena, al nadar alejándose de ellos, se giraba, y al pasar rápidamente de nuevo junto a ellos presentaba un flanco entero, en ese momento se escuchó un vivaz grito. Atado una y otra vez alrededor del lomo del pez; amarrado en las vueltas y más vueltas con las que, durante la pasada noche, la ballena había devanado las marañas de los cabos que había a su alrededor, se vio el cuerpo medio destrozado del parsi: su capa de garduña hecha jirones; sus abultados ojos vueltos directamente hacia el viejo Ajab.
El arpón se le cayó de la mano.