Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada —¡Burlado, burlado! —con una larga y enjuta inhalación—. ¡SÃ, parsi! Os vuelvo a ver… SÃ, y vos partÃs antes; y éste, éste, es entonces el coche fúnebre que prometisteis. Mas os emplazo hasta la última letra de vuestra palabra. ¿Dónde está el segundo coche fúnebre? ¡Fuera, oficiales, al barco! Esas lanchas son inútiles ya; reparadlas si podéis a tiempo, y volved a mÃ; si no, Ajab se basta para morir… ¡Abajo, marineros! Lo primero que intente saltar de esta lancha en la que estoy, a eso lo arponeo. No sois otros hombres, sino mis brazos y mis piernas; y asà me obedecéis… ¿Dónde está la ballena? ¿Ha vuelto a sumergirse?
Pero miraba demasiado cerca de la lancha; pues como si tuviera intención de escapar con el cuerpo que portaba, y como si el lugar exacto de su último encuentro hubiera sido sólo una parada en su marcha a sotavento, Moby Dick volvÃa ahora a avanzar nadando sin cesar; y casi habÃa superado al barco —que hasta entonces habÃa estado navegando en dirección contraria a la suya, aunque actualmente su impulso habÃa sido interrumpido—. ParecÃa nadar con su velocidad mayor, y ahora resuelto únicamente a seguir su propio camino recto en el mar.
—¡Oh, Ajab —gritó Starbuck—, no es muy tarde para desistir, incluso ahora, al tercer dÃa! ¡Observad! Moby Dick no os busca. ¡Sois vos, vos, el que dementemente le buscáis a él!