Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada —¡Remos! ¡Remos! ¡Inclinaos hacia vuestros abismos, oh, mar, que antes de que sea por siempre demasiado tarde, Ajab pueda lanzarse esta última, última vez, sobre su objetivo! Veo: ¡el barco!, ¡el barco! ¡Seguid avanzando, mis remeros! ¿No queréis salvar mi barco?
Mas cuando los remeros impulsaban violentamente la lancha a través del martilleante mar, reventaron los extremos de dos de las tablas de la proa antes golpeada por la ballena, y casi instantáneamente la lancha, temporalmente inhabilitada, quedó al mismo nivel que las aguas; su tripulación salpicando medio sumergida, esforzándose por obturar el orificio y achicar el agua entrante.
Entretanto, durante ese único instante de observación, el martillo del mastelero de Tashtego permaneció suspendido en su mano; y la bandera roja, medio envolviéndolo como una manta escocesa, ondeaba por sà sola alejándose de él igual que si fuera su propio corazón fluyendo hacia delante; al tiempo que Starbuck y Stubb, que estaban abajo en el bauprés, se dieron cuenta, en el mismo momento que él, del monstruo que se les echaba encima.