Moby Dick. Version ilustrada

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Casi simultáneamente, con poderosa volición de continua e instantánea celeridad, la ballena blanca se lanzó surcando el ondulante mar. Mas cuando Ajab le gritó al timonel que cogiera nuevas vueltas a la estacha, y que así la fijara; y ordenó a la tripulación que se girara en sus asientos, y que halara de la lancha a tope, en el momento en que la traicionera estacha sintió esa doble tensión y tracción, ¡se partió en medio del aire!

—¿Qué se rompe en mí? ¡Algún tendón se parte!… Otra vez está indemne; ¡remos!, ¡remos! ¡Lanzaos sobre ella!

Al escuchar el tremendo impulso de la lancha que quebraba el mar, la ballena giró en rededor para presentar combate con su diáfana frente; pero en ese movimiento, dándose cuenta de la cercanía del negro casco del barco; viendo, aparentemente, en él la fuente de todos sus acosamientos; considerándolo —puede ser— un enemigo mayor y más noble, repentinamente se lanzó contra su proa en avance, restallando sus mandíbulas en medio de feroces rociadas de espuma.

Ajab se balanceó; su mano golpeó su frente.

—Me vuelvo ciego… ¡Manos, extendeos ante mí, que aún pueda tantear mi camino! ¿Es de noche?

—¡La ballena! ¡El barco! —gritaron los amedrentados remeros.


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