Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada Ahora bien, Bildad, siento decirlo, tenía reputación de ser un incorregible viejo mezquino, y en sus días de surcar la mar un severo y duro patrón. Me contaron en Nantucket, aunque en verdad parece una historia peculiar, que cuando navegó en el viejo ballenero Categut, su tripulación, al arribar a puerto, fue en su mayor parte desembarcada al hospital, agotada y exhausta de dolor. Para ser hombre piadoso, y cuáquero en especial, ciertamente era más bien despiadado, por decir algo leve. No obstante, nunca solía maldecir a sus hombres, dicen; aunque de algún modo obtenía de ellos una desmesurada suma de arduo trabajo, inmitigado y cruel. Cuando Bildad era primer oficial, tener su ojo pardo mirándote fijamente te hacía sentirte extremadamente nervioso, hasta que podías agarrar algo… un martillo o un pasador, y ponerte a trabajar como un loco en una u otra cosa, sin importar en qué. La indolencia y la ociosidad perecían ante él. Su propia persona era la exacta encarnación de su carácter utilitario. En su largo cuerpo magro no portaba carne en exceso, ni barba superflua, estando dotada su barbilla de una suave y austera pelusa, similar a la pelusa desgastada de su sombrero de ala ancha.