Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada Tal era, pues, la persona que vi sentada en el yugo cuando, siguiendo al capitán PĂ©leg, bajĂ© a la cabina. El espacio entre cubiertas era pequeño; y allĂ, muy erguido, estaba sentado el viejo Bildad, que siempre se sentaba asĂ, y nunca se inclinaba, y lo hacĂa asĂ para no desgastar los faldones de su casaca. Su sombrero de ala ancha estaba colocado a su lado; sus piernas firmemente cruzadas; su vestimenta de paño abotonada hasta la barbilla; y con los lentes sobre la nariz parecĂa absorto en la lectura de un pesado volumen.
—Bildad —exclamó el capitán Péleg—, otra vez a ello, ¿eh, Bildad? Habéis estado estudiando esas Escrituras durante los últimos treinta años, que a mà se me alcance. ¿Hasta dónde habéis llegado, Bildad?
Como si llevara tiempo habituado a este profano modo de hablar de su viejo camarada de navĂo, Bildad, sin prestar atenciĂłn a su irreverencia de ese momento, alzĂł quietamente la mirada y, al verme, mirĂł de nuevo hacia PĂ©leg de manera inquisitorial.
—Dice ser nuestro hombre, Bildad —dijo Péleg—, desea embarcarse.
—¿Lo deseáis vos? —dijo Bildad con tono hueco y volviĂ©ndose a mĂ.
—Lo deseolo[26] —dije yo inconscientemente, tan señaladamente cuáquero era él.
—¿Qué pensáis de él, Bildad? —dijo Péleg.