Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada —Eso es verdad, es verdad… SÃ, ambas cosas son en verdad ciertas. Mas cuando da una orden tienes que brincar. Llegar y gruñir; gruñir e irse… Asà es la letra con el capitán Ajab. Pero ¿nada sobre aquello que le pasó en aguas del cabo de Hornos, hace mucho, cuando estuvo tumbado, como muerto, durante tres dÃas y tres noches; nada sobre esa mortal reyerta con el español ante el altar en Santa?… No oÃsteis nada sobre eso, ¿eh? ¿Nada sobre la calabaza de plata en la que escupió? ¿Y nada sobre perder la pierna en la última expedición, de acuerdo con la profecÃa? No escuchasteis ni una palabra sobre tales asuntos y algunos otros, ¿eh? No, no creo que lo escucharais; ¿cómo podrÃais haberlo hecho? ¿Quién lo sabe? No todo Nantucket, supongo. Aunque, de cualquier manera, cabe en lo posible que hayáis escuchado contar algo sobre la pierna, y cómo la perdió; sÃ, habéis escuchado algo sobre ello, dirÃa yo. Oh, sÃ, eso todo el mundo lo sabe, casi… Quiero decir que saben que sólo tiene una pierna; y que una parmaceti le quitó la otra.
—Amigo —dije yo—, no sé de qué trata toda esa farfulla tuya, no lo sé y no me interesa mucho; pues se me hace que debéis estar un poco deteriorado de la cabeza. Pero si estáis hablando del capitán Ajab, de ese barco de allÃ, el Pequod, entonces permitidme deciros que lo sé todo sobre la pérdida de su pierna.