Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada —Todo sobre ello, ¿eh…? ¿Estáis seguro?… ¿Todo?
—Bastante seguro.
Con el dedo apuntando y el ojo nivelado hacia el Pequod, el extraño de apariencia de mendigo permaneció quieto un instante, como en atribulada ensoñación; sobresaltándose entonces un poco, se volvió y dijo:
—Os habéis enrolado, ¿no? ¿Los nombres en los papeles? Bien, bien, lo firmado, firmado está; y lo que haya de suceder, sucederá; y de nuevo quizá no suceda, a pesar de todo. De cualquier manera, todo está ya dispuesto y concertado y unos u otros marineros han de ir con él, supongo: tanto valen éstos como otros hombres cualquiera, ¡Dios se apiade de ellos! Buen dÃa a vos, compañeros de tripulación, buen dÃa; que los inefables Cielos os bendigan; siento haberos detenido.
—Escucha, amigo —dije yo—, si tienes algo importante que decirnos, afuera con ello; pero si sólo tratas de embrollarnos, te has equivocado de juego. Eso es todo lo que tengo que decir.
—Y bien dicho está, y me agrada escuchar a un tipo hablar de esa manera; sois precisamente el hombre para él… los que son como vos. ¡Buen dÃa a vos, compañeros de tripulación, buen dÃa! ¡Ah! Cuando lleguéis allÃ, decidles que he decidido no ser uno de ellos.